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¿Se puede aprender a tener CARISMA?

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se puede aprender el carisma

Las técnicas del liderazgo caristámtico se pueden aprender

Una presentación ante una gran audiencia, una conversación con un colaborador que no está rindiendo como es debido, una reunión con tu equipo para transmitirles motivación y energía, una visita de ventas donde tienes que convencer… ¿Te has visto alguna vez en alguna de estas situaciones?

Todas ellas requieren de una habilidad esencial:

un liderazgo carismático

¿Pero qué es el carisma en realidad? ¿Para qué sirve? ¿Se puede aprender o se nace con ello? Aunque se trata de un tema que daría para escribir varios libros, voy a tratar de responder brevemente a estas cuestiones.

Según numerosos autores y estudios sobre el tema, el carisma es la capacidad influenciar y persuadir a los demás, usando una comunicación poderosa, transmitiendo poder, credibilidad personal y conectando con las emociones de tus interlocutores. Ahí es nada.

La persona que emana estas cualidades es capaz de enganchar a su audiencia, motivarles para la acción e inspirarles para lograr grandes cosas. ¿Está eso al alcance de todo el mundo o solo de unos pocos afortunados que nacieron con estrella?

Pensamos que el carisma es una cualidad innata. O naces con ella o no hay  nada que hacer al respecto. Pero la realidad es que no es así. El carisma se aprende.

O mejor dicho, el carisma auténtico, (no el de fachada), es el resultado natural de la integración de una serie de técnicas basadas tres áreas:

1) la revisión profunda de nuestras creencias sobre nosotros mismos, sobre el valor que aportamos, y sobre los demás.

2) el desarrollo de estrategias de comunicación y oratoria.

3) la gestión de nuestra energía física y lenguaje no verbal.

El primer paso para desarrollar un liderazgo carismático es tener un juego de creencias inconscientes que sirvan como pilares a nuestro yo visible. Es necesario estar en un estado mental que posibilite que nuestro lenguaje corporal, palabras y comportamiento fluyan juntos.

Se pueden aprender todos los trucos de la retórica y se puede tratar de controlar el lenguaje del cuerpo. Pero si no tenemos una sólida confianza en nosotros mismos y en los demás, tarde o temprano nuestro cuerpo lo va a mostrar, a pesar de todos nuestros intentos por ocultarlo.

La postura de los hombros, la tensión en los ojos, el tono de voz…por mucho que intentemos mostrarnos en control de la situación, al cabo de diez minutos de conversación la verdad se filtra siempre de forma involuntaria.

Por ello, en el desarrollo del carisma, es imprescindible empezar por los cimientos, por el trabajo en esas creencias.

En próximos posts seguiremos hablando de liderazgo carismático, pero mientras tanto, me despido con unas preguntas de coaching: ¿qué pensamientos sobre ti mismo afloran en tu mente cuando te ves en una de las situaciones que abren este post? ¿Y qué piensas sobre tus interlocutores?

¡La toma de conciencia sobre estos pensamientos es el primer paso para trabajar en ellos!

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