¿El líder nace o se hace?

por / Lunes, 30 junio 2014 / Publicado enBlog

Es la eterna pregunta: ¿para ser un buen líder es necesario tener cualidades “de serie” o se pueden aprender e integrar?

Afortunadamente, según diversos estudios, las habilidades de liderazgo se pueden adquirir. Si no fuese así, la vida en las empresas sería más complicada y tensa de lo que generalmente ya es porque no todo el mundo nace con las habilidades requeridas para liderar a otros y sin embargo, es lo que se espera de una persona que asciende en la jerarquía de una organización.

¿Y cómo pueden adquirirse estas habilidades? Normalmente las empresas identifican a las personas que son susceptibles de convertirse en líderes de equipos o que ya lo son pero atraviesan dificultades, y las  observan y evalúan para identificar las habilidades que ya tienen y las que les faltan. Se utilizan para ello herramientas de varios tipos como las evaluaciones 360º, las evaluaciones del desempeño periódicas, las entrevistas, los tests, etc.

Una vez identificados los candidatos y sus necesidades se invierte en cursos de formación, programas de desarrollo de habilidades, coaching y muchas otras herramientas, que no siempre son efectivas o en muchos casos muy costosas.

Una manera efectiva y no demasiado costosa de ayudar al desarrollo de estas habilidades es la interacción con caballos. Desde hace unos años, se sabe que los caballos son buenos aliados en las terapias para personas discapacitadas, con problemas mentales o de conducta. Sin embargo, su ámbito de ayuda a los humanos no termina ahí. Son enormemente valiosos como “profesores” en el desarrollo de la inteligencia emocional.

Los caballos reflejan, como si fueran espejos, lo que están viendo en la persona. Y no solo lo que están viendo, sino que son capaces de detectar también lo que hay en el interior de la persona, lo que está sintiendo, aunque ésta trate de ocultarlo bajo una máscara de tranquilidad, confianza y seguridad en uno mismo.

Reflejan lo que ven y sienten sin juzgarlo, a diferencia de lo que solemos hacer los humanos. A nosotros nos cuesta mucho dar un feedback sin interpretar porqué el otro ha actuado de esta o aquella manera, sin juzgar si eso está bien o mal.

Saben reconocer a un líder cuando lo tienen delante porque detectan sus cualidades de autenticidad, honestidad, intuición, capacidad de observación, voluntad, empatía y perseverancia. Ellos son seguidores natos y prefieren ser liderados a ser líderes así que están “programados” para detectar al buen líder, el que les hará sentirse seguros y motivados, en cuanto lo ven moverse por la pista.  Nos ayudan a entender que el liderazgo empieza con quién estamos siendo ahora y nos van dando pistas inmediatas de si vamos por buen camino en el desarrollo de estas cualidades o no.

Si estás pensando en apuntarte a ti a alguien de tu empresa en un programa de desarrollo del liderazgo, considera lo que el Coaching con Caballos puede aportarte. Sin emoción, no hay aprendizaje. Los caballos se aseguran de que eso no ocurra. Como dice Fany, una de mis clientas: “un gesto vale más que mil palabras, que te lo explique un caballo.”

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